jueves, 30 de agosto de 2012

Juan Salvador Gaviota


¿Libro de superación o de crítica religiosa?

Esta obrita del aviador y escritor Richard Bach, publicada originalmente en 1970, fue todo un hito en su tiempo, muy semejante a lo que produjo hace unos años “El Código Da Vinci”, de Dan Brown, aunque con otra temática y un estilo muy diferente. Su título en inglés fue “Jonathan Livingstone Seagull”, y en los países de habla hispana se le cambió por “Juan Salvador Gaviota”, pero en ambos casos se guarda la misma esencia: la de un heroico pájaro que ayuda a sus congéneres a alcanzar la realización total.

La novelita es muy motivadora, pues exhorta al lector a superar toda clase de barreras en la vida y proyectarse hacia la grandeza; pero lo hace mediante la historia de Juan Salvador Gaviota, un ave que descubre su gran potencial, que no se conforma con ser como las demás y la cual hasta llega a abandonar a su parvada con tal de lograr el éxito. Pero no es un ave egoísta, porque una vez que ha alcanzado la “iluminación”, regresa con los suyos para ayudarlos alcanzar lo mismo que él.

Esto es lo mejor que podemos sacar de la novela de Bach, porque aparte de su mensaje de superación, el autor maneja muy sutilmente una crítica religiosa contra el cristianismo y una apología de las ideas de la New Age.

El libro se divide en tres partes, la primera se limita a contar las aventuras del joven Juan Salvador sin referencia a ideología alguna. Pero en la segunda parte, Bach introduce abiertamente sus ideas: promueve la telepatía y la reencarnación; dice que el cielo (entiéndase el cielo cristiano), no existe; que hay que olvidarse de la fe, porque las gaviotas (léase los seres humanos) son perfectas.

La crítica de la tercera parte es aún más directa, Bach a través de su personaje rechaza los rituales y las leyes; dice que todos somos divinos, que somos bondadosos y que podemos construir el cielo (¿…?) Menciona, además, los nombres de las gaviotas que siguen al heroico iluminado, todas ellas con nombres alusivos al cristianismo: Rafael, Pedro Pablo, Enrique Calvino, Martín Alonso (¿Lutero?), Esteban Lorenzo y María Antonio. Y si a estas alturas alguien ya descubrió a quién representa “Juan Salvador”, pues está en lo cierto, con tales seguidores ¿quién más podría ser…?

Hacia el final de la historia hay un diálogo que no puede ser más claro: se desarrolla entre Juan Salvador y la gaviota Pedro, ésta le dice que en la bandada dicen que aquél debe ser el Hijo de la Gran Gaviota, y que si no lo es, entonces es alguien que se adelantó mil años a su tiempo. Entonces Juan Salvador le responde:
—¿Qué piensas tú, Pedro?

Por último, y después de adiestrar a Pedro para ser su sucesor, Juan Salvador le dice a su discípulo:
—No dejes que se corran rumores tontos sobre mí, o que me hagan un dios. ¿De acuerdo, Pedro? Soy gaviota.

Sin comentarios. Mejor los dejo con el “Ave María”…

JUAN SALVADOR GAVIOTA
Richard Bach
Buenos Aires: Javier Vergara Editor, 1995
95 págs.

1 comentario:

  1. Hola Ángel. No puedo estar más de acuerdo contigo. Estoy leyendo la novela y, detectando cierto tufillo pseudoreligioso, que no he sabido identificar hasta leer tu certera crítica, he querido conocer la opinión de otros lectores y de ahí que buscara críticas o reseñas serias sobre esta novelita en internet. Y, créeme, la tuya es la más seria y consistente porque das en el clavo: el autor viene a enseñarnos que nosotros somos nuestro propio dios y no necesitamos creer (fe) en otra cosa que no sea el poder de nuestra propia voluntad y deseo, tan poderosos estos, como para hacernos viajar en el tiempo (¿viaje astral?) o, como bien decías, comunicarnos con otras personas sólo con la mente (telepatía). Reconozcamos al autor la maestría en dividir la obra en tres partes, aunque siendo un lector habitual enseguida te malicias que la historia tiene truco. En fin, muchas gracias por la reseña y un cordial saludo. Andrés.

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