domingo, 14 de octubre de 2012

El Libro de Urantia


EL EVANGELIO DE JESUCRISTO SEGÚN EL LIBRO DE URANTIA


Ángel Sanabria Ibarra

Hace algunos años escuché sobre un cristiano muy devoto, el cual se apartó de la iglesia y de las enseñanzas de la Biblia porque dijo haber encontrado la verdad en un texto llamado El Libro de Urantia. Por esa época yo recibí de regalo precisamente esa obra, por lo que me di a la tarea de leerla para ver de qué se trataba.

El Libro de Urantia es un documento impulsado por la Sociedad Urantia, fundada en 1950, la cual tiene por misión dar a conocer este libro y distribuirlo por todo el mundo. Este escrito no da crédito a ningún autor humano, pues presume ser una revelación divina. No obstante, los investigadores señalan que el Libro de Urantia fue escrito en 1934 por un norteamericano llamado Bill Sadler, quien sin embargo insistía en que el libro le había sido entregado por siete espíritus extraterrestres… (César Vidal Manzanares, Diccionario de sectas y ocultismo, Navarra: Verbo Divino, 1992, p. 234).

Cualquier lector atento y con un conocimiento básico de religiones, al acercarse al Libro de Urantia se dará cuenta no sólo de su tediosa e inagotable verborrea —¡2000 páginas a renglón apretado!—, sino sobre todo de que su contenido es una mezcla de enseñanzas religiosas y creencias de la Nueva Era, cuyos seguidores toman este libro si no como su Biblia personal, al menos como uno de sus textos de cabecera.

El Libro de Urantia trata muchos y variados temas, desde los superuniversos (sic) y los mensajeros del espacio, pasando por la evolución de nuestro planeta y la caída de Lucifer, hasta las enseñanzas de los grandes maestros espirituales, como Confucio, Buda y los profetas de Israel. Pero su sección más novedosa y singular es la que se dedica a Jesucristo (casi la tercera parte de la obra), en la que se presenta una versión heterodoxa del evangelio con la presunción de ser una revelación exclusiva de esta nueva biblia.

En este ensayo presento un análisis de la cristología del Libro de Urantia, con especial enfoque en la divinidad de Jesucristo, para que veamos cuán elásticos son los presupuestos con los que trabajan estas nuevas pseudo revelaciones. En la primera parte describo las ideas principales de su cristología; y en la segunda, presento un cuadro comparativo entre estas doctrinas y las de la Biblia (Las páginas de las referencias y citas de El Libro de Urantia son de la versión rústica, edición 2001).

I. LA CRISTOLOGÍA URANTIANA


A. EPOPEYA DE CRISTO ANTES DE SU ENCARNACIÓN

El escenario sobre el cual se va a desarrollar el drama de Jesucristo es el siguiente:

Nuestro hermoso planeta azul no se llama: “Tierra”, ni es el único habitado en el universo, su verdadero nombre, conocido hasta antes de la publicación del libro sólo por los extraterrestres, es: Urantia. Este es el principal planeta entre 10 millones de mundos habitados, y pertenece a un universo local llamado: Nebadon. Este universo fue creado hace 400 mil millones de años y pertenece a un conglomerado de universos más, pero es especial para nosotros, no sólo porque dentro de él vivimos, sino porque su creador, una inteligencia superior extraterrestre de nombre Cristo Micael, hace dos mil años vino a visitar en persona nuestro planeta. Y precisamente por la obra tan especial que este ser vino a llevar a cabo, Urantia ha pasado a convertirse en el “templo sentimental de todo el universo de Nebadon” (pp. 1308-1309, 1319).

En cuanto a Jesucristo, he aquí sus credenciales:

  • Nombre oficial: Cristo Micael de Nebadon.
  • Edad: indefinida, sólo puede decirse que es el autootorgamiento número 611, 121 del Hijo Eterno.
  • Familia: uno de los tantos hijos del Padre del Paraíso.
  • Domicilio actual: centro intergaláctico de Salvington, dentro del área del universo local de Nebadon.
  • Oficio: Gobernante de su universo local Nebadon, del cual él mismo ha sido creador.


Estos datos indican que Jesucristo ya existía desde antes de aparecer en Urantia, pero no como Dios supremo, sino como un poderoso ser intergaláctico, como un Hijo Creador.

Pero las leyes universales establecen que cada uno de los hijos creadores debe realizar 7 “autootorgamientos” en distintos lugares de los universos de su propia creación. El propósito de estos autootorgamientos es permitir que estos seres «se tornen soberanos sabios, compasivos, justos y comprensivos» (p. 1308); y al mismo tiempo «es parte del precio que cada Hijo Creador debe pagar si quiere adquirir la soberanía plena y suprema en el universo de cosas y seres por él creados» (p. 1323).

Cristo Micael ha cumplido satisfactoriamente sus 7 autootorgamientos, y por ello se ha hecho digno de recibir los honorables títulos de “Príncipe Planetario de Urantia” y “Director General del Universo de Nebadon” (pp. 1317, 1319).

Sus autootorgamientos ocurren cada 150 millones de años; el primero se llevó a cabo hace 1000 millones de años, y el último, apenas hace dos mil años (p. 1309; el libro dice: «mil novecientos años atrás», pero recordemos que se escribió hacia 1934). Veamos en qué consistió cada uno de ellos:

* Primer autootorgamiento: Cristo Micael se ausentó de su lugar cósmico de residencia, por espacio de 20 años (“tiempo estándar”), y se encarnó entre los hijos melquisedek, de quienes se ganó su devoción. En esta primera aventura fue acompañado por un omniafín que llevaba credenciales de Uversa (pp. 1309-1310).

* Segundo autootorgamiento: Micael fue asignado al sistema 11, de la constelación 37, para habitar entre los hijos lalonandek y tomar el lugar del gobernador Lutentia, el cual fue depuesto por haber guiado una rebelión. En esta travesía Cristo Micael fue acompañado por un terciafín, quien llevaba credenciales de los ancianos de Uversa; este autootorgamiento duró 17 años (pp. 1310-1311).

* Tercer autootorgamiento: Micael fue al planeta 217 del sistema 87, de la constelación 61, donde viven los hijos materiales, a someter otra rebelión; fue acompañado en esta ocasión por un seconafín, también con credenciales oficiales. Por su valiosa ayuda, Cristo Micael fue amado por todos los habitantes de ese planeta, quienes nunca volvieron a rebelarse contra él (pp. 1312-1313).

Cabe mencionar que en cada uno de estos autootorgamientos, Micael encargaba su universo local a su hermano mayor Emanuel, y el mando de las fuerzas celestiales a Gabriel. Después de cada autootorgamiento, Micael era ascendido a un nuevo nivel de soberanía y autoridad; y en el universo de Nebadon se alcanzaba también un avance y un mejoramiento (p. 1313).

* Cuarto autootorgamiento: acompañado por Gabriel y por un superserafín, Micael asumió la forma de un serafín y habitó entre los serafines de Nebadon; ahí sirvió como un “asesor seráfico de enseñanza”, para capacitar a instructores decanos que funcionaban en 22 mundos diferentes. Luego de esa misión, fue asignado como consejero personal de un Hijo trinitario, en el mundo 462 del sistema 84, de la constelación 3 de Nebadon. Este período duró 40 años (pp. 1313-1314).

* Quinto autootorgamiento: sucedió hace 300 millones de años, cuando Cristo Micael, acompañado por Gabriel, se estableció en Uversa, sede central del superuniverso de Orvonton. Allí sirvió durante 11 años bajo el nombre de Eventod, y en la forma de un “espíritu mortal” (pp. 1314-1315).

* Sexto autootorgamiento: acompañado por un solo serafín y por la Estrella Brillante Matutina de Nebadon, Micael asumió la forma de un mortal morontial y habitó en el planeta Endantun, sede central de la quinta constelación. No se conoce información de lo que hizo ahí, pero sólo se cuenta que su estancia en tal lugar «fue una de las épocas más extraordinarias y sorprendentes en la experiencia autootorgadora de Micael, sin exceptuar siquiera su estadía dramática en Urantia [la Tierra]» (p. 1315).

* Séptimo y último autootorgamiento: Gabriel había anunciado a las inteligencias del universo, que Cristo Micael asumiría la semejanza de la carne mortal. Luego se dio el aviso de que Micael había seleccionado a Urantia como el “teatro de su autootorgamiento final”. Este autootorgamiento tenía algo especial, en los anteriores Micael había aparecido como un individuo desarrollado, pero en esta ocasión aparecería en Urantia como un indefenso bebé. Durante este autootorgamiento, todos los ojos del universo local estuvieron dirigidos hacia Urantia, sabiendo que la lucha que libraría este Hijo divino paradisíaco sería de gran intensidad, pues todos sabían «de la rebelión de Lucifer en Satania y de la deslealtad de Caligastia en Urantia». Con todo, llegó el tiempo para que Cristo Micael apareciera en Urantia en la forma del niño judío Josué ben José (pp. 1316-1317).

Estado postautootorgador de Micael: una vez que hubo cumplido este final y triunfante autootorgamiento, Micael retornó a su residencia cósmica, donde fue aceptado por los Ancianos de los Días y el Padre Universal como “el gobernante soberano de Nebadon” (p. 1317).

El tiempo total que duró la carrera de los siete autootorgamientos de Micael, fue de casi mil millones de años, “tiempo de Urantia”. Esto fue necesario porque aunque «Micael nació creador, fue instruido como administrador, capacitado como ejecutivo […] se le exigió que ganara su soberanía por la experiencia» (p. 1318). En cada autootorgamiento Micael reveló una manifestación diferente de la divinidad. Pero en ninguno de sus autootorgamientos Micael reveló al Dios supremo, sino que esto fue revelado en la suma total de todos sus autootorgamientos (ibídem).

Veamos ahora cual fue el plan de las inteligencias extraterrestres para el séptimo y definitivo autootorgamiento de Cristo Micael en Urantia:

Antes de venir a nuestro planeta, y como en los otorgamientos anteriores, Micael encargó el universo de Nebadon a su hermano mayor Emanuel; éste, por su parte, ofreció a su hermanito Micael una serie de consejos que le servirían como una “guía de encarnación” durante su tiempo en Urantia (p. 1324). He aquí algunas de las palabras y consejos que le dio:

En primer lugar felicitó a Micael por haber aceptado someterse a la voluntad del Padre Paradisíaco, ya que en los anteriores autootorgamientos sólo había querido someterse a la voluntad de las tres deidades del Paraíso, pero no a la del Padre, en este séptimo autootorgamiento al fin lo haría (p. 1325).

Luego le recordó a Micael que al habitar en Urantia, renunciaba voluntariamente a toda ayuda extraplanetaria, aprendería a depender solamente del Padre Paradisíaco, para conocer por experiencia propia el significado de la fe-confianza que él mismo exige a las criaturas de su universo local (pp. 1325-1326).

También que durante su autootorgamiento en Urantia, como mortal encarnado, Micael no tendría dotes celestiales; pero el poder del que se despojaba podría ser nuevamente suyo en cualquier momento en que decidiera reasumir su autoridad universal (p. 1326).

Emanuel encargó mucho a Micael que cuando hubiera adquirido autoconciencia de su identidad divina, acabara con la rebelión de Lucifer en Satania, y con las blasfemias de Caligastia; ya que —le recordó—, anteriormente cuando tenía poder, por su misericordia Micael no lo había querido hacer (p. 1327).

También encomendó a Micael que después de triunfar en Urantia, acepte de Gabriel el título de “Príncipe Planetario de Urantia”, y tome las medidas necesarias para compensar el dolor y confusión causados en Urantia por la traición de Caligastlia y la subsiguiente falta adánica (ibídem).

Se le aconsejó así mismo, que durante su estancia entre los hombres, Micael actúe como maestro, liberando sus espíritus, iluminando sus mentes y atendiendo el bienestar físico y la comodidad material de los mortales (p. 1328).
También deberá revelar a los hombres la gran verdad que muestra «el logro de que Dios, buscando al hombre, lo encuentra y el fenómeno de que el hombre buscando a Dios lo encuentra» (ibídem).

Micael debe recordar que aunque tendrá acceso a sus atributos divinos, se le recomienda no usarlos, porque ello daría por terminada su encarnación y retomaría automáticamente su personalidad divina total. Todo esto por un acto de su propia voluntad (p. 1329).

Emanuel, como buen hermano mayor, también dio algunos consejos prácticos a su hermanito Micael:

Le recomendó apegarse a las costumbres familiares del tiempo y lugar en que ha eligió aparecer (ibídem).

En materia de orden social, evitar «todo embrollo con la estructura económica y los compromisos políticos», limitándose exclusivamente a la regeneración espiritual y emancipación intelectual. A las claras le dijo: «dedícate a vivir la vida religiosa ideal en Urantia» (ibídem).

También le dijo a Micael que se le permitía identificarse con movimientos religiosos y espirituales de Urantia, pero tendría que evitar a toda costa establecer un culto u organización religiosa, ya que su vida y sus enseñanzas debían ser patrimonio común de todas las religiones y pueblos (p.1330).

Y precisamente, a fin de evitar la creación de sistemas religiosos, Emanuel aconseja a Micael no dejar ninguna clase de documentos escritos, no escribir en materiales permanentes y no permitir que se hagan imágenes ni retratos de él. Le dice: «Asegúrate antes de tu partida de que no quede nada potencialmente idólatra de tu paso por la tierra» (Ibidem. Curiosamente aquí se les olvidó a las inteligencias extraterrestres que nuestro planeta no se llama Tierra, sino: “Urantia”…).

Y un último, pero importantísimo consejo: aunque en su calidad de hombre sería normal y honorable que Micael entrara en relaciones conyugales, es probable que no suceda; lo cierto es que debe recordar el mandato que prohíbe a un Hijo del Paraíso dejar descendencia humana en cualquier planeta de autootorgamiento (ibídem).

Para todos los demás detalles (¿dudas o aclaraciones…?), se encomienda a Micael a su Ajustador personal, a las enseñanzas del espíritu divino y al juicio y razón de su mente humana, cada vez más amplia. Así, Micael podrá vivir una vida perfecta, aunque no necesariamente considerada como “perfecta” por otras criaturas, ¡y menos aún por las de Urantia…! (ibídem)

Después del discurso de Emanuel, y ante la presencia de todo Salvington, Cristo Micael desapareció y no volvió a ser visto hasta el retorno de su último auto-otorgamiento (ibídem).

B. LA “ENCARNACIÓN” DE CRISTO MICAEL EN URANTIA

Después de estudiar un informe especial sobre el estado de los mundos, Micael escogió a Urantia como el planeta donde llevaría a cabo su último autootorgamiento. Gabriel visitó nuestro planeta y realizó un estudio de los grupos humanos, escogiendo a los hebreos como el pueblo que reunía las condiciones para el autootorgamiento de Micael. Luego, una comisión intergaláctica vino a investigar la vida familiar judía y seleccionó a tres posibles parejas para el autootorgamiento de Micael. De estas tres, Gabriel finalmente escogió a José y María (p. 1344).

1. Los padres de Jesús

El origen de José no se remontaba a Adán, ni pasaba por David y Salomón, sino que provenía de los sumerios, y se remontaba hasta el antiguo hombre azul (?). Sus antecesores habían sido constructores, carpinteros, albañiles y herreros, y él mismo fue carpintero y contratista (ibídem). José era trigueño de ojos negros, tenía ocho hermanos y hermanas, era de temperamento dulce y muy escrupuloso; hablaba poco, pero pensaba mucho, y era muy fiel a las prácticas religiosas. Cuando era joven fue contratado por el padre de María para hacer una ampliación a su casa, allí conoció a María, y después de dos años de noviazgo se casó a la edad de 21 años con ella (pp. 1348-1349).

En cuanto a María, ésta no era judía, sino una mezcla de sangre siria, hitita, fenicia, griega y egipcia, y descendiente de mujeres ilustres de la antigüedad como Betsabé, y una tal Ratta (p. 1345). María era rubia de ojos cafés, era una buena tejedora y llegó a ser una excelente ama de casa. Ella era muy alegre y platicadora, pero sobre todo optimista y decidida (pp. 1348-1349).

Toda esta combinación de razas y dotes de personalidad hicieron de José y María la pareja ideal para el autootorgamiento de Micael (ibídem).

Gabriel anunció a María que tendría un hijo de José por mandato del cielo, el cual inauguraría el reino de Dios en la tierra. Cuando José se enteró se perturbó, preguntándose: «¿cómo es posible que un hijo de seres humanos fuera un hijo de destino divino?», sobre todo por el hecho de que los judíos no esperaban que el liberador fuera de naturaleza divina. La anunciación ocurrió un día después de la concepción de Jesús, y fue el único acontecimiento sobrenatural del embarazo y alumbramiento del hijo prometido (pp. 1346-1347).

2. El nacimiento de Jesús

Jesús no descendía del linaje de David, más que culturalmente, no era el liberador de los judíos ni el ansiado Mesías, sino el liberador del mundo (p. 1347). Se intentó atribuir a Jesús las profecías mesiánicas del Antiguo Testamento mucho tiempo después de su vida mortal en la tierra. Incluso, pasajes del A.T. fueron modificados y alterados para que se conformaran a los hechos de la vida terrestre de Jesús. Por ejemplo, la profecía de “una mujer dará a luz” se cambió por “una virgen dará a luz” (p. 1348).

«No era necesario que María fuera a Belén para registrarse, pues José tenía autoridad para registrar a toda su familia, pero María, siendo una persona enérgica y que amaba la aventura, insistió en acompañarle» (p. 1350).

Durante el trayecto pernoctaron en el monte Gilboa, y allí durante toda la noche José y María platicaron sobre quién llegaría a ser su hijo. José lo veía como un maestro espiritual y María como un Mesías liberador de la nación hebrea (p. 1351).

Por fin, a las 12 del día, del 21 de agosto del año 7 a.C. nació en Belén Josué ben José, mejor conocido como Jesús. Nació «de la misma manera que todos los niños que antes y desde entonces han llegado al mundo» (ibídem).

En esa hora los serafines de Urantia cantaron himnos de gloria sobre Belén, pero estos cantos no fueron detectados por oídos humanos. No hubo pastores ni ninguna otra persona que fuera a rendir homenaje al recién nacido, hasta el día en que llegaron ciertos sacerdotes de Ur. Éstos fueron avisados por un vidente de su país que en Israel estaba a punto de aparecer la luz de la vida en la forma de un pequeño niño. Pero no hubo ninguna estrella que guiara a esos hombres hasta Belén, esa leyenda surgió porque en ese mismo año ocurrieron al menos tres conjunciones planetarias, pero en diferentes fechas (p. 1352).

3. La Infancia y juventud de Jesús

Durante los años de la infancia y adolescencia de Jesús no ocurrió nada extraordinario, creció como cualquier otro niño normal, con la única diferencia de que fue un niño que destacó por su aguda inteligencia. De los 5 a los 10 años de edad, «Jesús no hacía más que preguntar» (p. 1358). Fue también un período en el que el joven Jesús comenzó a aprender diversas disciplinas. A los 6 años comenzó a estudiar las flores, las plantas y las estrellas (p. 1360). A los 7 años empezó sus estudios en la sinagoga (p. 1363). A los 8 aprendió matemáticas y música, más tarde hasta se convertiría en un virtuoso arpista; también se despertó su interés por la geografía y la astronomía (p. 1364). A los 9 comenzó a pintar paisajes y a hacer figuras de arcilla, no obstante, esto le acarreó un fuerte choque con los ancianos de la sinagoga, quienes lo acusaron de idolatría y lo consideraron sacrílego y blasfemo; por lo que Jesús tuvo que abandonar su afición (pp. 1366-1367). A los 10 años comenzó a interesarse por temas «culturales, educacionales, sociales, económicos, políticos y religiosos», y también en la agricultura y la industria pesquera (p. 1369).

A los 11 años adquirió conocimientos sobre asuntos internacionales, y empezó a acompañar a su padre a viajes de negocios. En la ciudad de Escitópolis quedó maravillado ante el hermoso templo dedicado a los dioses paganos; y también asistió a los juegos olímpicos y demostraciones de fortaleza física. Tan impresionado quedó Jesús con la cultura griega que hasta sugirió a José que promovieran en Nazaret la construcción de un anfiteatro. Su padre tuvo que reprender a Jesús severamente: «¡Que no te oiga nunca más en tu vida expresar pensamientos tan protervos hijo mío!» (pp. 1370-1371).

En el año 12 Jesús comenzó a trabajar en el taller de carpintería de su padre, pero fue también el período en el cual comenzó a experimentar inseguridad y hasta dudas con respecto a la naturaleza de su misión (p. 1371).

Poco antes de cumplir los 13 años, Jesús se graduó de la escuela de la sinagoga y emprendió junto a sus padres su primer viaje a Jerusalén. En el camino se le apareció un mensajero celestial que le dijo: «Ha llegado tu hora. Ya es tiempo de que comiences los asuntos de tu Padre» (pp. 1374-1376).

Al llegar al templo de Jerusalén, Jesús quedó extasiado por la belleza del edificio y por las multitudes de fieles que acudían a él. Pero ya dentro del templo comenzaron sus desilusiones. Le molestó que todos los ritos se ofrecieran para aplacar la ira de un Dios severo, y su disgusto se hizo mayor cuando pasó al área del templo donde se oficiaban los sacrificios de animales. «El piso manchado de sangre, las manos ensangrentadas de los sacerdotes y el balido de los animales agonizantes era más de lo que podía soportar ese muchacho amante de la naturaleza. El terrible espectáculo descompuso al joven nazareno, aferrando la mano de su padre le imploró que se lo llevara de allí» (p. 1378).

Por la noche Jesús celebró la Pascua con su familia, pero después de todo lo visto en el templo, Jesús comenzó a concebir la idea, que instituiría más tarde, de celebrar una Pascua incruenta, es decir, sin cordero pascual (p. 1379).

Al siguiente día discutió con los escribas y maestros en el templo, y los desafió con las siguientes preguntas:

  • ¿Qué es lo que hay realmente en el santo de los santos, detrás del velo?
  • ¿Por qué las madres de Israel deben separarse de los creyentes varones en el templo?
  • Si Dios es un padre que ama a sus hijos, ¿por qué tanta matanza de animales para ganar el favor divino?
  • Puesto que el templo está dedicado al culto del Padre celestial, ¿no resulta incongruente permitir allí la presencia de los que se dedican a los negocios y comercios seculares?
  • ¿Será el esperado Mesías un príncipe temporal que ocupe el trono de David, o será más bien la luz de la vida, en el establecimiento de un reino espiritual? (p. 1382).


En su año 14, Jesús sufrió la pérdida de su padre José, y tuvo que hacerse completamente cargo del hogar (p. 1388). En su año 15, Jesús compuso su famosa oración del “Padre Nuestro”; asimismo, al leer el libro apócrifo de Enoc, le vino la idea de tomar como sobrenombre el título de “Hijo del Hombre”, porque estaba convencido de que él sería un maestro espiritual y no el Mesías esperado por los judíos (p. 1390).

En su año 16 se afirmó en su papel de padre-hermano de su familia; y en el año 17 fue invitado por un grupo de zelotes a formar parte de su partido, y aunque María lo animaba a ello, pues creía que sería el libertador de Israel, Jesús rechazó la invitación (pp. 1395-1398). En su año 18 Jesús ingresó al club filosófico de Nazaret, y pasó unos días con su primo Juan, al que no volvería a ver hasta el día de su bautismo; también sufrió la pérdida de su hermanito menor Amós (pp. 1399-1400).

En su año 19, cuando Jesús ya era un apuesto joven, una chica de la aldea, llamada Rebeca, se enamoró profundamente de él. La hermana y la madre de Jesús trataron de desanimar a la chica de su interés por Jesús, pero ella persistió y pidió a su padre que hablaran con Jesús. Así lo hicieron, pero Jesús cortésmente le explicó a la chica que por motivos familiares y personales no podía aceptar un compromiso conyugal (pp. 1402-1403).

En el año 20, Jesús visitó a sus amigos Lázaro, Marta y María, a quienes había conocido desde su primera visita al templo años atrás, y con ellos instituyó una Pascua sin cordero, porque la celebración tradicional le parecía un rito infantil y carente de significado (p. 1404). En su año 21 logró combinar adecuadamente sus dos naturalezas, la humana y la divina, en una sola: Jesús de Nazaret (p. 1407). En su año 22, Jesús pasó la carga del hogar a su hermano Santiago y él pudo salir a trabajar a otros lugares, donde pudo entrar en contacto con los gentiles (p. 1410).

En su año 23 Jesús fue a Jerusalén, como lo había venido haciendo cada año, y ahí conoció a un joven de nombre Esteban, éste quedó impactado con la enseñanza de Jesús, y años después llegó a convertirse en el primer mártir de la iglesia cristiana (p. 1411). En su año 24, unos judíos de Alejandría le propusieron a Jesús irse a radicar a aquella ciudad para convertirse en un maestro religioso, pero Jesús declinó la invitación (pp. 1413-1414). A los 25 años, Jesús llevó a Jerusalén a su hermano Judá para consagrarlo, pero éste, que era muy patriota, se metió en un lío con las autoridades romanas, y fue a dar a la cárcel junto con Jesús; no obstante, Jesús abogó por él y finalmente los dejaron en libertad (pp. 1415-1416).

Durante su año 26, Jesús se hizo más consciente del amplio poder potencial que tenía, en él se escondían todos los tesoros de la sabiduría; por ejemplo, una vez hasta llegó a decir: «Sea yo quien fuere y sea cual fuere el poder que yo pueda ejercer o no, he estado siempre y siempre estaré sujeto a la voluntad de mi Padre Paradisíaco» (p. 1417).

Su año 27 fue el de su partida del hogar, Jesús se trasladó a Capernaum y allí vivió y trabajo con un amigo de su padre llamado Zebedeo, el cual tenía tres hijos varones: Santiago, Juan y David. Los dos primeros llegarían a ser sus fieles discípulos y parte del grupo de los doce apóstoles (pp.1419-1421). El año 28 Jesús abandonó Capernaum y se dirigió a Jerusalén; le pidió a Juan que se encargará de enviarle dinero a su madre María, del fondo de ahorro que había logrado en su año de trabajo con ellos. Ya en Jerusalén se entrevistó con el sumo sacerdote Anás, quien era pariente de la madre de Juan, y Anás y Jesús se hicieron buenos amigos (pp. 1421-1422).

4. Los años de iluminación, transición y bautismo de Jesús

El año 29 fue el más importante en la vida de Jesús, porque en él emprendió un viaje por el mundo romano y Babilonia, y le sirvió para completar su comprensión de comportamiento del ser humano. A su familia Jesús le hizo creer que tan sólo se iba a Alejandría, y de este viaje secreto nadie supo más que Zebedeo el fabricante de botes (pp. 1423-1424).

Este viaje fue determinante para Jesús, porque antes de realizarlo, Jesús «era aún el carpintero de Nazaret, el constructor de barcas de Capernaum, el escriba de Damasco; aún era el Hijo del Hombre. Todavía no había logrado el completo dominio de su mente humana; el Ajustador aún no había dominado y equiparado plenamente la identidad mortal. Aún él era un hombre entre los hombres» (pp. 1424-1425). Pero durante su año 29 Jesús alcanzó el ápice de su experiencia religiosa humana, la cual quedó completa el día de su bautismo en el Jordán (p. 1425).

Su viaje de iluminación Jesús lo emprendió en compañía de dos viajeros de la India: Gonod y su hijo Gonid. Jesús viajó como instructor personal del joven indio, aprendió el idioma de ellos, y hasta tradujo algunos textos del griego al hindú. Esta experiencia también sirvió a Jesús para entrar en contacto con el pensamiento de la India y del oriente (p. 1427).

En Jope, Jesús le dio un discurso sobre el bien y el mal a un joven filisteo. Le explicó que «el mal es sólo es la inadaptación de la inmadurez o la influencia disociadora y distorcionadora de la ignorancia… El mal es lo tenebroso y lo falso y, si se le abraza conscientemente y se le endosa voluntariamente, se convierte en pecado» (p. 1429).

En Cesarea, Jesús conoció a un mercader de Mongolia, éste hombre, que era taoísta, quedó muy impactado con las enseñanzas de Jesús, y al regresar al oriente comenzó a propagarlas, dando como resultado que su hijo mayor se convirtiera ¡en un sacerdote taoísta…! (pp. 1429-1430)

También en Cesarea, a un joven que trabajaba en un astillero, quien se quejaba de que su jefe lo trataba mal, Jesús le dijo: «tal vez los Dioses han puesto este hombre equivocado cerca de ti para que lo conduzcas por un mejor camino» (p. 1430). El joven Ganid preguntó a Jesús cuál es la voluntad de Dios, a lo que Jesús contestó: «hacer la voluntad de Dios… es la experiencia progresiva de llegar a parecerse cada vez más a Dios» (p. 1431).

Al llegar a Roma, Jesús y los dos hindúes fueron a entrevistarse con el emperador Tiberio, tal fue el impacto que Jesús causó en el monarca, que cuando Jesús se marchaba, Tiberio le dijo a su ayudante: «Si tuviera yo el porte real de ese tipo y sus elegantes maneras, sería un verdadero emperador, ¿verdad?» (p. 1455)

Los años 30 y 31 en la vida de Jesús fueron los años de transición hacia lo que sería su ministerio público; no obstante, en el año 31 sucedió uno de las pruebas más duras de Jesús porque tuvo que enfrentarse contra las oscuras fuerzas del mal. Estando en el Monte Hebrón, solicitó a su Padre que le permitiera tener, en carne humana, una conferencia con Lucifer, príncipe de Satania, y Caligastlia, el príncipe planetario. El Padre Paradisíaco aceptó la solicitud, y esos dos poderosos seres se le presentaron a Jesús en forma visible. Jesús los confrontó con palabras poderosas como éstas: «Que la voluntad de mi Padre del Paraíso prevalezca, y que tú, mi hijo rebelde, seas juzgado de acuerdo con las leyes divinas, por los ancianos de los Días. Yo soy vuestro padre-Creador, no puedo juzgaros con justicia, y ya habéis desdeñado mi misericordia. Os remito a los jueces de un universo más grande». Después de tal confrontación, las fuerzas del mal quedaron derrotadas (pp. 1493-1494).

Después de esto, y por fin, a los 31 años y medio, Jesús fue bautizado por Juan en río Jordán. Con este acto Jesús alcanzó la plenitud de la comprensión de las criaturas humanas. En seguida Jesús se fue al desierto por un período de 40 días, pero no para ayunar, ni ser tentado por más diablos, sino para encontrarse con el ejecutivo en jefe de su universo: con Gabriel. Éste le dijo que ya había cumplido con los dos propósitos por los que había venido a Urantia: el primero, derrotar al príncipe de Satania, lo cual ya había logrado en el Monte Horeb; el segundo, adquirir el pleno conocimiento de sus criaturas humanas, lo cual alcanzó en su bautismo en el Jordán. Ya todo estaba cumplido, podía regresar a su residencia celestial, o… permanecer en Urantia para seguir con el mejoramiento de sus criaturas mortales. En caso de quedarse unos años más, se le ofrecían dos caminos para llevar a cabo su labor:

Plan A: Su propia senda —«La senda que pudiera parecerle más agradable y fructífera desde el punto de vista de las necesidades inmediatas de este mundo y de la edificación presente de su propio universo».

Plan B: La senda del Padre —«La ejemplificación de un ideal a largo plazo en cuanto a la vida de las criaturas, visualizada por las altas personalidades de la administración Paradisíaca del universo de los universos».

Después de meditarlo detenidamente, y por consejo de su hermano Emanuel, Jesús finalmente se decidió por la segunda opción, y así determinó quedarse en Urantia y seguir ayudando al mejoramiento de sus criaturas. «Así vivió pues el resto de su vida terrestre, siempre fiel a esa resolución. Hasta el amargo fin, invariablemente subordinó su voluntad soberana a la de su Padre celestial» (pp. 1510-1515).

II. CONFRONTACIÓN BÍBLICA


Como podemos ver, según el Libro de Urantia, lo más importante en la vida de Jesús se llevó a cabo hasta el día de su bautismo, todo lo demás es un “bono extra” y carece realmente de importancia comparado con lo que ya Jesús había logrado hasta ese momento. Pero el Libro sigue adelante con sus supuestas revelaciones, porque, según leímos, Jesús optó por continuar unos años más haciendo labor entre los hombres; de hecho, murió unos seis años más tarde, a la edad de 37 años.

Así, pues, la siguiente sección del Libro de Urantia no es sino un burdo plagio y deformación del ministerio de Jesús según lo relatan los evangelios. Y pareciera que se trata más bien de un “anti-evangelio”, porque contradice prácticamente todas las enseñanzas principales de los libros canónicos.

En cuanto a lo expresado en la sección anterior, es evidente que todo cae por su propio peso, en primer lugar, porque hay evidencia bíblica que respalde las cosas asentadas en el Libro de Urantia sobre la niñez y juventud de Jesús; y en segundo lugar, porque el Libro no ofrece ninguna evidencia histórica o documental sobre sus datos, sino que todo lo basa en supuestas revelaciones extraterrestres que, por cierto, también se contradicen unas con otras.

Ahora presento los contrastes entre las doctrinas de El Libro de Urantia (L.U.) y las enseñanzas de la Biblia:

El L.U. sostiene que hay muchos dioses; la Biblia enseña que sólo hay un Dios verdadero (Is. 42:8; 44:8; 45:21).

El L.U. enseña que Jesús existía como un ser extraterrestre llamado Micael; la Biblia habla de la pre-existencia de Cristo, pero como el Hijo unigénito de Dios, y no como un ser subordinado o creado (Jn 17:5, 24; I Pe 1:20).

El L.U. enseña la doctrina de la reencarnación, pues presenta a Jesús como la encarnación número 611 121 del Hijo Eterno; pero la Biblia no enseña la reencarnación ni para los hombres ni para Dios, el cual se encarnó una única vez en la persona de Jesús de Nazaret, y después de su muerte regresó a la diestra del Padre (I Tm 3:16; Col 3:1).

El L.U. dice que Jesús mediante siete autootorgamientos, o encarnaciones voluntarias, tuvo que ganarse el mérito de ser el gobernador de su propio universo; esto es contrario a las Escrituras que nos muestran que Jesús es Rey de reyes y Señor de señores (I Tm 6:15; Ap 19:16).

El L.U. dice que Jesús no fue concebido por obra del Espíritu Santo, esto va contra la Bilia que lo afirma (Lc 1:35).

El L.U. enseña que Jesús durante su estancia en la tierra no tuvo dones divinos; pero la Biblia da muchos ejemplos de que él sí contó con esos dones y los usó para realizar muchos milagros (Mt 11:3-6; Hch 10:38).

El L.U. enseña que Jesús cometió desde su temprana infancia pecados de idolatría y mundanalidad; pero la Biblia dice que Jesús no cometió pecados de ninguna clase (II Cor 5:21; Heb 4:15; I Pe 2:22).

El L.U. dice que Jesús recibió toda su sabiduría de fuentes meramente humanas; la Biblia enseña que él en su calidad de Dios sabía todas las cosas, y no necesitaba que nadie le enseñara (Jn 2:24-25).

El L.U. presenta a un Jesús lleno de dudas e inseguridad con respecto a su identidad divina y su misión sobre la tierra; pero la Biblia muestra que al menos desde sus doce años Jesús fue consciente de esta identidad y nunca tuvo dudas sobre su misión (Lc 2:49; Jn 4:34).

El L.U. dice que Jesús no fue el Mesías esperado por los judíos; pero en la Biblia vemos que Jesús sí se reconoció como el Ungido de Yahveh que cumplía todas las profecías que se dieron en las Escrituras sobre él (Lc 4:17-21; 24:27, 44).

El L.U. dice que Jesús no vino a la tierra a revelarnos al Dios supremo; pero eso es precisamente lo que dice la Biblia que Jesús hizo (Jn 1:14; 14:9).

El L.U. presenta a un Jesús que ofrece muchos caminos para conocer la verdad; pero en la Biblia Jesús dice: «Yo soy el Camino, y la Verdad y la Vida, nadie viene al Padre, sino por mí» (Jn 14:6).

El L.U. enseña que para Jesús el pecado era algo irreal, la simple inmadurez e ignorancia del ser humano; pero en la Biblia el pecado es algo real, es la maldad y oposición deliberada del ser humano contra Dios, de la cual todos los hombres somos culpables (Ro 3:10-20).

El L.U. enseña que Jesús venció al diablo regañándolo como uno de sus hijos malcriados; pero la Biblia enseña que fue a través de su obra redentora consumada en la cruz y su resurrección que lo logró (Heb 2:14; Col 2:14-15).

El L.U. nos presenta el propósito de Cristo al venir a la tierra como un acto meramente egoísta, pues le era necesario hacerlo para ascender al nivel de regidor de su universo; el L.U. nada habla de la salvación de los hombres del pecado y de la condenación eterna, porque esto es inexistente en la “teología” de este libro. La Biblia dice, en cambio, que precisamente el propósito por el cual el unigénito Hijo de Dios vino a la tierra fue para salvar a los hombres de sus pecados y ofrecerles la salvación eterna (Jn 3:16; 4:24 Lc 19:10).

Conclusión
Es evidente que el autor, o los autores, del Libro de Urantia niegan la obra salvadora de Cristo y la sustituyen por un mendrugo de pan. En esta pseudo revelación, Jesucristo no es Dios, sino un ser extraterrestre despistado, que tiene que ser orientado por su hermano celeste mayor; un mandadero cósmico de los dioses, que tiene que ser acompañado  a los mandados por diversos seres angelicales; un personaje trasnochado que al aterrizar en nuestro planeta se encontró totalmente aturdido y confundido, sin saber exactamente quién es y qué carambas había venido hacer aquí a la Tierra, o a Urantia…

Concluyo, pues, que el Libro de Urantia es una descarada burla al evangelio de Jesucristo; además, como supuesta revelación divina es absurda, y como novela de ficción es una obra bizarra. Sin embargo, este libro, como muchos otros que han surgido para obscurecer la revelación cristiana, hace que la luz de la Biblia brille aún más como fuente veraz y confiable para conocer la salvación que Dios nos ha regalado a través de Jesucristo.

EL LIBRO DE URANTIA
Illinois: Urantia Foundation, 2001
2099 págs.

1 comentario:

  1. El Libro de Urantia especifica que la salvación y el perdón es por amor, el perfecto amor que destruye el pecado. Que la muerte en la cruz fue la mas grande demostración de amor y obediencia al Padre, no específicamente por la deuda del pecado. Que con solo pedir a Jesus con honestidad, Él te perdona por puro amor. Nadie debe pagar por otros, menos un inocente como Jesus.
    El L.U. indica que Jesús es Dios, el creador, y es Hijo de Dios, y aunque tiene toda potestad como Dios aun así Él escucha el consejo de seres celestiales, que Él ya tenía todo poder y autoridad, obtenido por ser Hijo de Dios, pero debe vivir como sus criaturas en las misma condiciones, así obtiene el titulo de Soberano, es como ser un príncipe, con todos los privilegios y autoridad, pero decides ir hasta el ultimo de los habitantes del reino y saber exactamente en carne y huesos sus su vida y te comprende porque sabe q es ser hombre. El puede en cualquier momento declarar su soberanía, pero decide seguir el protocolo de no solo ser Dios por derecho sino también vivencia de lo que viven sus criaturas. Creo que no podrías decir que fácil es ser Dios y estar allá arriba y no sabes por lo que yo estoy pasando, pero el si lo sabe porque lo vivió.
    Lógico que al llegar a la tierra siendo un bebe, luego un niño, luego adolescente, no sabe de inmediato quien es, ni cual es su misión, sino no sería un niño humano, y no estaba aturdido, era muy listo, simplemente fue un proceso gradual, junto a las revelaciones que tuvo, cuya momento cumbre fué el bautismo donde el Padre lo llama Hijo y el reconoce a su Padre, allí el ya esta 100% seguro de su naturaleza y misión. Al momento del bautismo ya era adulto y ya había cumplido el proposito de ser hombre, luego se dedica a hacer su otras misiones, como el ministerio del evangelio y mostrar como es vivir bajo la voluntad de un Padre que no puedes ver y al cual debes creer por fé.
    Jesús vivió dependiendo del Poder de Espiritú y no de su propio poder, porque si has leído en la Biblia en muchas partes dice :Y el Espiritú estaba con Él para sanar...significa, que el dependía del Espiritú de Dios para hacer los milagros, El mismo dijo: nada hago por mi propia cuanta sino que el Padre esta en Él y Él en el Padre, por lo que fueron hechos por el Padre a travez de Jesús, no es que Jesús no quería hacer milagros, es que Él prefería convencer a las personas de la verdad por medio de su ejemplo y sus palabras, no quería ganar la atención de la gente, por medio de actos sobrenaturales, El decía a las personas tu fé te ha salvado, y pudo haber dicho yo te he sanado, pero era la fé en Jesús y la voluntad del Padre lo que hacía el milagro. Él no uso sus super poderes, sino que mostró como hacer las cosas con nuestras propias limitaciones. El limitó al máximo su poder y vivió como un ser humano, siendo Dios.
    El libro de U. no se burla del evangelio, lo acredita y lo realza, expresa gran respeto por los hombres de Dios que trataron de escribir lo mejor que pudieron los libros de la Biblia dando explicaciones lógicas de las incoherencias y dejando tanto a la Biblia como el nombre de Dios en alto ante los ataques que hoy sufre el evangelio y Dios mismo.
    No puedo demostrar que el libro es verdadero, ni yo lo se, pero te digo que si lo lees con objetividad encontrarás que no todo lo que has dicho es cierto, yo creo que si una persona ama a Dios y a su prójimo, y busca día a día alejarse del pecado y hacer la voluntad del Padre, pues no necesita leer este libro, porque ese es el objetivo del mismo, y si así ya lo estas haciendo, pues creo que vas por buen camino, pero este libro siempre estará abierto para aquellos que deseen leerlo, y la Biblia siempre tendrá su lugar como el libro que contiene las grandes verdades espirituales para todas las generaciones, y Espíritu de Dios las revela a quienes las buscan.

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